Eugenia Bustabad: “Éste año sé que ganaré algún campeonato internacional importante”

La deportista, interna en la Residencia Joaquín Blume del CAR de Madrid desde hace siete años, es la única luchadora española que participa en el Campeonato Europeo de Serbia y se muestra segura de que conseguirá la clasificación para el que se convertiría en su primer mundial.

Avance Deportivo

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@deportivoavance
28 de abril de 2017, 12:00

El 2 de mayo arranca en Serbia la primera de las citas internacionales importantes de esta temporada para la Selección Española de Luchas Olímpicas. Allí competirán seis deportistas españoles, entre los que está Eugenia Bustabad, la única representante femenina. “Este año las lesiones afectaron a muchas de mis compañeras que se habían ganado el competir en el Europeo, así que yo lucharé también por todas ellas”, afirma la luchadora de 25 años, nacida en Las Palmas.

Eugenia Bustabad ha arrancado la temporada “con más ganas que nunca” y su actitud se está viendo reflejada en los resultados. Acaba de volver a proclamarse campeona de España y se ha alzado con el bronce en el Torneo Internacional Cerro Pelado de La Habana, un podio que se le había resistido años anteriores: “Éste es el año en el que mejor estoy y sé que, antes o después, tocaré la campana ganando algún campeonato internacional importante”, afirma convencida.

Apunta a dos citas. La primera, el europeo en el que el año pasado rozó la medalla: “Está claro que mi objetivo es subirme al podio. Sé que el nivel está más alto, cada vez es más difícil, pero teniendo un buen sorteo y con la cabeza puesta en su sitio, sin que los nervios me superen, podré, como mínimo, igualar el quinto puesto de Letonia”.

Su otro gran objetivo es el mundial que se celebrará en agosto en París y que podría ser el primero para Eugenia: “Me veo en la competición y me atrevo a decir que tengo más posibilidades en el Mundial que en el Europeo porque las participantes estamos más igualadas”.

Son los objetivos para esta temporada de una deportista que, aunque prudente, sigue soñando con llegar a unos Juegos Olímpicos, a pesar de que el año pasado no consiguiese la clasificación para Río de Janeiro: “Estar en Tokio 2020 sería una forma de agradecerme a mí misma todo el tiempo que llevo sacrificándome por la lucha”.

Un sacrificio que empezó cuando era una niña y su padre quiso inculcarle que “el deporte es un estilo de vida, una manera de estar saludable”. Conoció la lucha por casualidad, después de practicar tenis, baloncesto, balonmano, ballet y judo: “Me gustaban los deportes de combate, supongo que por la sensación de competir, de ir subiendo de nivel. Tuve la suerte de que las clases de lucha iban justo después de las de judo y empecé a quedarme para ver cómo entrenaban. Un día le pedí al entrenador, Vicente Cáceres, que me dejase calentar con ellos y ya no me fui”.

Fue en el Club de Lucha de Santa Rita, en Gran Canaria, donde también conoció a Minerva Montero, medalla de bronce en el mundial de 2006: “Ella y Vicente son como mis padres en este deporte, me lo han enseñado todo. Minerva, incluso, venía a buscarme a casa cuando yo no iba a entrenar. Creo que si no llega a ser por ellos, no estaría donde estoy ahora”.

Su progresión la llevó a entrar en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid del Consejo Superior de Deportes (CSD) con 18 años. Desde entonces entrena con el seleccionador nacional, Francisco Barcia, al que considera su “segundo padre”. Ganó en experiencias, dice, y empezó a convivir con otros deportistas como la también luchadora Karima Sánchez, “un pilar fundamental para mí”. Son sólo algunas de las personas que el deporte ha convertido en “indispensables” en su vida. Una vida que “no hubiese tenido nada que ver con lo que soy y tengo ahora sin la lucha”, concluye.

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