Abderrahman Ait, el oro que no brilla del todo

El atleta español, Abderrahman Ait, durante una carrera. Fuente: AD

El atleta español, Abderrahman Ait, durante una carrera. Fuente: AD

El atleta español de orígen marroquí acaba de ganar el Mundial de maratón, ha sido plata en los Juegos Paralímpicos de Pekín y Londres, ha ganado numerosas medallas en campeonatos y carreras en España ante personas sin discapacidad, pero sigue sin contar con ayudas suficientes. “No tengo patrocinador ni para que me den unos calcetines”, lamenta. Tras una vida llena de obstáculos, este incansable luchador seguirá corriendo hasta cumplir su sueño: ser campeón en Río de Janeiro 2016.

Jesús Ortiz García
Actualizado: 30/04/2015 13:30

Abderrahman Ait estuvo muy cerca de ser campeón paralímpico de maratón en los Juegos de Londres 2012, al igual que le ocurrió 4 años antes en Pekín en la prueba de 1.500 metros. El oro se le resistía, hasta el pasado fin de semana, cuando conquistó la medalla dorada en el Mundial. “En los Juegos tuve la victoria en el bolsillo pero se me escapó, así que en esta maratón y también en Londres he podido quitarme esa espinita. Han sido muchos entrenos y lucha, o lograba el oro o dejaba el atletismo, pero sabía que era mi día”, asegura.

Abderrahman en el podio en Londres. Fuente: CPE

Abderrahman en el podio en Londres. Fuente: CPE

No sólo subió al primer cajón del podio, sino que completó los 42 kilómetros y 195 metros en 2.26:54, nuevo récord del mundo en su categoría (T46). “Todos me conocían y me íban controlando, al principio fue una carrera muy táctica, pero luego aceleré, me escapé y me vi capaz de hacer una gran marca. Fue espectacular, estoy muy feliz, me siento con ganas de conseguir más”, dice.

Detrás de sus éxtios en campeonatos internacionales y en carreras frente a personas sin discapacidad se esconde una historia de penurias y de superación. Ait es un ángel que ha estado en el infierno pero que supo salir a flote y siempre con una sonrisa en su rostro. Poco le ha importado lo duro que fue perder un brazo, llegar a España en patera o vivir en la calle hasta convertirse en un ejemplo, en uno de los atletas más brillantes.

De pequeño vivía en Mellab, una aldea del desierto al sudeste de Marruecos, siempre pasaba los días jugando al fútbol en la arena, era el más rápido de sus amigos hasta que en uno de esos partidos se cayó en un pozo y se rompió un brazo. “Tenía 8 años, cómo había mucha pobreza y mala asistencia médica, se gangrenó la zona y me amputaron el brazo”, relata. Dejó el balón pero no su idilio con la velocidad. “Unos extranjeros franceses organizaron una carrera en mi pueblo y la gané, ahí me enamoré del atletismo”, cuenta.

Cada día acudía al colegio corriendo y un día pidió a la Federación Paralímpica de Marruecos correr como profesional, pero le rechazaron. Así que Abderrahman, que vivía en una choza de barro con su madre y sus hermanos, empezó a vender dátiles para ahorrar dinero porque tenía decidido buscar una oportunidad en España. “Me jugué la vida intentando cruzar en patera hasta en 4 ocasiones, no había nada que perder, quería ser atleta y ayudar a mi familia”, explica.

Sus sueños se cumplieron

Llegó a la costa de Lanzarote siendo menor de edad, peregrinó por varios centros de acogida y luego viajó a Barcelona, donde pasó algunas noches durmiendo al raso en la plaza Catalunya. Pero en la Ciudad Condal empezarían a cumplirse los sueños de Abderrahman. “En 2003 me apunté a la carrera de El Corte Inglés y quedé entre los 8 primeros. Tras ello, hubo mucha gente que confió en mi talento, me ayudaron, entré en el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat y creo que no les he defraudado porque he llegado al más alto nivel internacional”, recalca.

Abderrahman Ait. Fuente: AD

Abderrahman Ait. Fuente: AD

Pero no todo es oro lo que reluce en la vida de este deportista, ya que actualmente apenas cuenta con apoyos para continuar. “No tengo sponsor, patrocinador ni alguien que me de unos calcetines. Si no hubiese conseguido el oro en este Mundial no tendría la beca Adop, con la que ni llego a fin de mes, sólo me da para pagar el alquiler de una habitación en un piso compartido, la inscripciones en carreras que no me invitan y el material deportivo porque desgasto al menos 3 pares de zapatillas al mes y son caras. Mi mujer y mi hija han tenido que marcharse a Marruecos”, apunta.

Ahora preparará su siguiente objetivo, el Mundial de Catar este año, donde competirá en 1.500 metros y luego intentará llegar a Río de Janeiro: “Me encanta este deporte, he luchado por estar en lo más alto y estoy orgulloso de llevar la bandera española, pero sin tener el apoyo suficiente, no es fácil y me desmotiva”.

“Estuve pensando en dejar el atletismo porque el atleta paralímpico tiene muchos problemas, no hay igualdad con otros deportistas. He ganado carreras por toda España, tengo unas marcas que a cualquier atleta sin discapacidad le gustaría tener, pero al final decidí resistir, al menos hasta cumplir otro sueño: la medalla de oro en los Juegos de Brasil”, subraya Ait, un auténtico superviviente que seguirá solventando barreras para alcanzar sus metas, en base a su filosofía de vida: “Si quieres la miel, tienes que aguantar las picaduras de las abejas”.

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