Un sprint hacia la triple corona mundial

En lo últimos 50 metros sobre la línea de meta Javier Gómez Noya voló para superar en un sprint a Jonathan Brownlee en territorio londinense para conquistar su tercera corona mundial cuando más difícil lo tenía el gallego.

 

Jesús Ortiz García

Desde que comenzó su carrera fue apartado de la alta competición en varias ocasiones por una enfermedad cardiovascular (valvulopatía aórtica congénita) que desaconsejaba su participación en el triatlón. Una década después el talento y la garra de Javier Gómez Noya han tumbado el diagnóstico médico que amenazaba con retirarle demasiado pronto. En casa de los hermanos Brownlee, el mismo escenario donde logró una plata en los Juegos Olímpicos de Londres, el gallego conquistó su tercer Mundial en un espectacular sprint.

Noya llegaba al ‘The Serpentine’, el gélido lago de Hyde Park con todo en contra, en casa del, se la tenía que jugar frente a un triatleta indomable como Alistair Brownlee, en territorio comanche y sólo le valía ganar y que su máximo rival no quedase segundo. Las matemáticas le acompañaron igual que la gasolina en sus piernas. El mayor de los hermanos británicos no aguantó en el tramo a pie por problemas físicos, dejando la emoción para el mano a mano final entre Jonathan, el pequeño de la saga y actual defensor del título, y el español.

Con el número 3 en el gorro y enfundado en su neopreno negro, las brazadas de hierro de Noya le permitieron mantenerse en el grupo de cabeza con los mejores nadadores, aunque al salir del agua llevaba 13 segundos de desventaja sobre los Brownlee. En la primera transición el triatleta ferrolano consiguió recuperar las diferencias y unió su bicicleta a la rueda de Alistair, que tras calzarse las zapatillas de correr, tuvo que pararse lesionado.

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Gómez Noya al entrar en la meta. Delly Car / ITU Media

 

En los 10 kilómetros de tramo pedestre, Noya y Jonathan Brownlee, quien también precedía al gallego en la clasificación general pero por una diferencia de puntos muy corta, se quedaron solos en cabeza, aunque la emoción quedó para la última vuelta. Tras varios amagos e intercambio de ataques, en los últimos 200 metros el inglés enseñó los dientes y golpeó con sus zancadas para ponerse por delante. Pero esta vez, la respuesta del deportista español fue definitiva y en los 50 metros finales voló con el corazón en la mano hacia la historia para alzarse con su tercer título mundial.

“He entrenado las últimas semanas para estar muy rápido en los últimos kilómetros porque sabía que podía haber un final así. Jonathan me ha ganado sprints cuando son carreras de 5 kilómetros, pero esta vez era de 10 y he demostrado estar más fuerte”, señaló tras cruzar la meta. “Corrí mejor que nunca, no solo físicamente sino tácticamente, el titulo mundial estaba en el aire y había que tener cuidado con las tácticas a utilizar. Fue una gran carrera”, añadió.

El hombre de hierro que se rebeló contra la adversidad entrenándose duro todos los días, reeditó en Londres sus éxitos de 2008 en Vancouver y 2010 en Budapest. Y sin descanso y tiempo para saborear su triunfo, viaja a China para disputar un triatlón el próximo fin de semana. En cada prueba, su corazón demuestra tener una enorme fortaleza, contradiciendo a aquellos que dudaron de él.

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Mario Mola felicita a Gómez Noya. Delly Car / ITU Media

Mario Mola, en lo más alto

En Hyde Park el himno español sonó por partida doble, ya que Mario Mola completó una brillante carrera tras subir al tercer escalón del podio y llevarse la medalla de bronce en el Mundial. Con 23 años, el mallorquín es una realidad de la elite del triatlón. En la carrera a pie demostró su talento y llevado por el viento remontó posiciones hasta alcanzar la tercera posición. El campeón Noya elogió a su compañero: “Quiero felicitarle por su remontada a pie. Quedar tercero en la carrera y en la general indica su altísimo nivel”.



Javier Gómez Noya
Basilea, Suiza. 25-3-1983

Ha sido campeón mundial sub-23, campeón europeo y 3 veces campeón mundial de triatlón. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 terminó en cuarto lugar y en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 consiguió la medalla de plata. Fue finalista al Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2013.

 

 

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