Brazadas de voluntad para coronar el ‘Everest del mar’

El malagueño Javier Mérida cruza a nado el Canal de la Mancha en casi 15 horas y se convierte en el decimocuarto español en lograrlo y en el segundo deportista con discapacidad en firmar esa gesta.
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Javier Mérida durante la travesía del Canal de la Mancha. AD

 

Jesús Ortiz García

Con las gélidas temperaturas, fuertes corrientes, sin traje de neopreno y sorteando los tentáculos de medusas que le rodeaban durante la travesía, Javier Mérida se ha convertido en el primer deportista español con discapacidad -el segundo del mundo- en cruzar a nado el Canal de La Mancha, el llamado ‘Everest de los nadadores’. El malagueño tardó 14 horas y 40 minutos en firmar su hazaña. Los 35 kilómetros que separan las costas de Dover (Gran Bretaña) y Wissant (Francia) se convirtieron en 45 por el viento y las corrientes contrarias.

El inicio de la aventura fue espectacular y el ritmo del nadador era casi de récord, a una media de unos 5 km/h. “Parecía ir volando, me encontraba fuerte y creí que superaría el tiempo previsto al principio”, confiesa el paratriatleta marbellí. Ni el frío, ni el cansancio ni la oscuridad de la noche podían con Mérida, pero el viento cambió a 5 millas de la costa francesa. “Se me hizo eterno, tardé 4 horas para acabar esos últimos 5.000 metros. Es una zona muy dura, la llaman ‘El Cementerio’ porque es donde desfondan los nadadores y se truncan muchas travesías”, explica.

Pasó 3 horas nadando sin apenas recorrer un metro: “Hay una boya donde giran los ferrys y pensaba que me quedaba poco. La veía casi sobrepasándola, y unos minutos después la tenía a 3 o 4 kilómetros delante de mí, el mar me echaba para atrás. Era una lucha constante en la que poco a poco conseguí ganar”, subraya.

Su espíritu de lucha, brazadas de voluntad y el ánimo que le insuflaba su mujer Esther Jiménez y la doctora Rosa Sánchez desde la embarcación que le acompañaba, fue suficiente para imponerse a la barrera infranqueable. “Gracias a ellas superé ese punto tan complicado. Sabía que no iba a abandonar, estaba preparado para nadar 18 horas, pero temía que el observador me dijera que subiese al barco”, sostiene.

Reptando hasta la arena

El paratriatleta, que ingería té caliente con una disolución de geles con carbohidratos y caldos con sémola, recondujo la trayectoria hasta su destino. Una vez allí se encontró con otro obstáculo, el juez le advirtió de que no era suficiente con llegar a la orilla. “Me dijeron que tenía que pisar arena seca después de todo lo que pasé, así que tuve que ir arrastrándome ya que no llevaba la prótesis, hasta tocar tierra”, añade Mérida, que hace 6 años le amputaron la pierna derecha tras un accidente de tráfico.

Con esta gesta, el deportista marbellí suma otro récord a su cuaderno de bitácora, ya que ha cruzado en 2 ocasiones el Estrecho de Gibraltar y como triatleta ha sido campeón de España y de Europa y ha corrido también el Ironman de Lanzarote. “Es la prueba más dura, como el Everest pero en mar abierto. Es una gran alegría, lo he hecho por una superación personal y para demostrar que un discapacitado puede lograr cosas importantes”, recalca.

Para este profesor de pádel, las palabras imposible o límite no tienen espacio en su diccionario y en cuanto se recupere, trazará sus nuevos desafíos. “Ahora toca saborear lo que he conseguido, descansar y expulsar todo el agua que tragué en la travesía”, bromea. Si el apoyo económico le acompaña, disputar el Mundial de Paratriatlón de Estados Unidos y cruzar el Lago Ness serían los próximos retos para 2014. “A ver si me encuentro con el monstruo Nessie”.



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